
En un arranque de ira tomé su cabeza con la mano izquierda y con un cuchillo de cocina comencé a rebanar su cuello. El acero se fue hundiendo en la carne, que se desgarraba mientras los ojos del hijo de puta veían sus últimas imágenes, antes de perder por completo su brillo. Ahogándose con su propia sangre ni siquiera alcanzo a gritar. Sin pensar en absoluto en consecuencias, yo actuaba por instinto. Eso era lo que tenía que suceder, enfrentar al "líder" y degollarlo sin titubeos, ni enfrentamientos previos. La multitud silenciosa solo observaba la situación sin decir palabra alguna. No fue hasta verme con la cabeza del hijo de puta en la mano y su cuerpo sin vida cayendo al suelo que comenzaron a gritar. Las lágrimas inundaron mis ojos, mi rostro parecia explotar, la excitación me quemaba, todo mi cuerpo temblaba. Como si algo aún intentara salir de mi. Cubierto en sangre y lágrimas, vacié mis entrañas gritando hasta reventar mi garganta. Ella se acercó y me abrazó por la espalda. Dejé caer la cabeza y el centenar de personas que se encontraban en el lugar corrieron a abrazarme, coreando mi nombre. Quebré en llanto y mis piernas me abandonaron. Ahora "ellos" estaban ahí para darme fuerzas, para apoyarme.
Alguien tenia que hacerlo, habia que matarlo. Me alegra haber sido yo.


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