
Estaba ahi sentado, como uno mas. No se exactamente cuantos eramos, pero habia mucha gente. Jovenes, viejos, inclusive habia varios nenes, y un bebe. Todos en entre unas cuatro paredes blancas, y un techo curiosamente celeste. El piso era de un viejo parqué, igualito al que tenia mi abuela en su ya demolido departamento de caballito. Algunos leian las revistas que se encontraban en una mesita ratona, otros habian llevado sus propios libros. Las madres perseguian a sus hijos, mientras estos correteaban alegremente, con la alegria unica que brinda la ignorancia. Recuerdo un gordo. Vestia una chomba azul marino muy gastada, con un bolsillo en el lado derecho de su pecho donde guardaba un atado de "Particulares 20". Un grupo de unas 10 personas lo habian rodeado mientras el contaba las anecdotas mas graciosas y particulares que yo jamas haya oido. Todos reian, e invitaban a los demas a unirse a la diversion. Hasta que se abrio la puerta. "Gonzalez, Rodrigo" se escucho por el parlante. El lugar quedo en silencio. Era el nombre del gordo, quien se puso palido. Uno de los niños seguia gritando y su madre histerica le dio un cachetazo en su rostro que jamas olvidara. El niño como si hubiera entendido la situacion se adhirio al silencio general. El gordo se levanto de su asiento y se dirigio a la puerta. Propino una ultima mirada a su barra de amigos y salio de la sala. La puerta se cerro. Dos segundos despues un reggae comenzo a sonar en el lugar. Sus amigos se abrazaron. Los niños volvieron a corretear y sus madres, primero con una lagrima y luego olvidando por completo al gordo volvieron a perseguirlos. Los muchachos comenzaron a hablar de futbol, de mujeres... Y yo no podia dejar de pensar en el gordo. Me pare y fui hacia la pared que estaba junto a la puerta, donde habia un papel con una lista. El orden de los nombres era incierto, no podia descifrar quien era el siguiente. Todos sabiamos que alguien deberia abandonar la sala, pero intentabamos olvidarlo. Recuerdo al viejo. El viejo de camisa a cuadros y su baston de madera con empuñadura dorada, seguramente de la aleacion mas barata de hierro, pero que el aseguraba era de oro puro. Jacinto se llamaba y en sus años mozos supo ser un ganador de la vida, exitoso con las mujeres y de mucho dinero. Pero el tiempo fue pasando y lo ultimo que hizo antes de que lo llamaran por el parlante fue pedirme que lo acompañe al baño, ya que tenia problemas para agacharse. "Hernandez, Jacinto" Su nieta se paro junto a el y llorando desconsolada lo acompaño hacia la puerta. Sin chistar, Jacinto salio de la sala. Una vez mas el llamado produjo un silencio total. Abrazos, miradas complices, y alguna lagrima perdida. Su nieta desconsolada, abrio la puerta y salio de la sala inmediatamente despues que su abuelo, algo que no estaba planeado, pero asi sucedio. Segundos se tardo en volver a la normalidad. El murmullo, los chistes, la musica que ambientaba. Todos seguiamos esperando, pero intentando olvidar la espera. Borrando con estupidez la nocion del tiempo, y creando con ignorancia la sensacion de eternidad dentro de aquella sala. Hacia ya mas de 25 años que me encontraba en ella y habia visto pasar todo tipo de personas por aquella puerta. Y sigo esperando. Todos seguimos esperando y no sabemos que.
Ayer nomas un amigo mio que no veia hace años paso delante mio como si nada y abrio la puerta sin que lo llamaran. A los cinco minutos estaba conociendo a una mujer. A nadie le importo. Ni siquiera a mi.


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